Feliz cumpleaños, Liora
«Hay seres que llegan sin hacer ruido y se quedan para siempre.»
Sé que me pediste que no fuera afectivo contigo. Y lo he respetado. No voy a fingir que no me costó, pero aprendí a quererte en silencio, que también es una forma de querer. A veces la más difícil. A veces la más honesta.
Sin embargo, esto lo preparé hace mucho tiempo. Antes de que las cosas cambiaran. Antes de que el silencio se volviera el idioma que hablamos ahora. No lo hice para incomodarte ni para pedirte nada. Lo hice porque en su momento quise dejarte algo bonito, y nunca encontré el momento. Hasta hoy.
Como mañana no estarás disponible, lo dejo aquí. Para que lo encuentres cuando puedas. O cuando quieras. O cuando el azar te traiga de vuelta a esta página.
Sé que eres ruda, dura, que a veces pareces de hierro. Lo sé porque te he visto poner esa cara de "no me importa" cuando en realidad te importaba todo. Lo sé porque te he visto morderte la lengua para no decir lo que sentías. Lo sé porque detrás de esa armadura que te pusiste hay un amor de persona, de esas que se preocupan por los demás sin que nadie se lo pida, de esas que cuidan a los suyos aunque digan que no les importa. Te quiero a pesar de todo. A pesar de las distancias, de los silencios, de las cosas que no se dijeron. Te quiero por lo que fuiste, por lo que eres, y por lo que sé que sigues siendo aunque no lo muestres.
Nuestra historia siempre tuvo un ingrediente extra: la distancia.
Nos conocimos en un juego, nos hablamos por una pantalla, nos quisimos a través de cables y mensajes. Y aunque a veces dolía no poder estar cerca, también nos enseñó que el cariño no entiende de kilómetros.
Llegaste a mi vida como llega la brisa,
sin hacer ruido, sin pedir permiso,
y desde entonces mi pecho se organiza
alrededor de tu risa y de tu hechizo.
No sé si el tiempo nos dará la prisa
o si el destino nos tendrá indeciso,
pero hoy te miro y mi alma se desliza
hacia el recuerdo de lo que un día quiso.
Hoy cumples un año más, y yo quiero hablarte de ti. No de lo que fuimos, ni de lo que no pudo ser. De ti. De la persona que eres, que sigue siendo, que merece cosas bonitas aunque yo no esté cerca para verlas.
Las personas que nos marcan no lo hacen porque sean perfectas, sino porque en su compañía nos sentimos vistos. Tú tienes esa rara habilidad de hacer que alguien se sienta escuchado sin haber dicho casi nada. Eso no se aprende. Eso se tiene. Y ojalá nunca lo pierdas, porque es un don raro y hermoso.
Si mañana no estás, yo te deseo
que el sol te encuentre dulce y abrigada,
que cada risa que te salga en el día
te sea devuelta en la mirada.
Que nadie te apague, que nadie te borre,
que el mundo te trate con la misma calma
con la que tú tratabas a los que te querían
cuando todavía me hablabas al alma.
Nos quisimos en pantallas y en versos,
en mensajes que cruzaban la ciudad,
y aunque hubo kilómetros inmersos,
nunca dejaste de ser mi realidad.
Aprendí que el cariño no se mide
en metros ni en segundos ni en horarios,
sino en la forma en que alguien te pide
que te quedes un rato, aunque sea imaginario.
Y aunque la distancia a veces duele,
también enseñó que lo que importa
es que el corazón no se desvele
cuando la otra persona está algo corta.
No quiero que esto suene a despedida. No lo es. Es solo que a veces las cosas bonitas no caben en una conversación, y necesitan papel. O una página web. O un lugar donde puedan quedarse quietas sin que nadie las borre.
Quiero que sepas que no guardo rencor. Guardo, más bien, la versión más luminosa de lo que compartimos. Las discusiones se olvidan. Los silencios incómodos se olvidan. Pero tu risa cuando algo te hacía gracia de verdad, eso no se olvida. Y no quiero olvidarlo. Es parte de lo que me hizo bien.
Mis deseos para ti este año:
- Que te rías mucho, de esas risas que duelen un poco la cara.
- Que duermas bien, sin darle vueltas a lo que no tiene solución.
- Que te rodees de gente que te sume y no que te reste.
- Que si un día te sientes pequeña, recuerdes todo lo que has superado.
- Que te permitas descansar sin culpa, que también eso es avanzar.
- Que nunca te falte un gato cerca, aunque sea el de un vecino.
- Que elijas siempre lo que te haga bien, aunque a veces cueste.
- Que te quieras un poquito más de lo que te quieren los demás.
- Que no te olvides de que eres mucho más fuerte de lo que crees.
- Que la vida te devuelva, multiplicado, todo el bien que has dado.
No te diré que te extraño, que sería
abrir una puerta que ya cerraste,
pero sí te diré que hay días que querría
saber si estás bien, si algo te faltase.
No te diré que vuelvas, porque no es justo
pedirle a nadie que regrese al nido.
Solo te digo, con el pecho robusto:
me alegra haber coincidido contigo.
Hay una idea de la psicología que dice que las relaciones no terminan cuando dejas de ver a alguien, sino cuando dejas de importarte. Y a mí me importas. No como algo pendiente, no como una herida abierta. Me importas como se te importa una persona que fue importante y que sigue mereciendo cosas buenas. Eso es todo. Y con eso me quedo.
Hay algo que llevo tiempo queriendo decirte y, aunque sinceramente no tenía pensado escribir algo tan emotivo ni extenderme tanto, hoy siento que debía hacerlo. No sé si es porque hay cosas que nunca llegué a expresarte como realmente quería, porque a veces me cuesta encontrar las palabras adecuadas o porque simplemente siento que mereces saber lo que significas para mí. Pero quería expresarme, dejar de guardar tantas cosas y hablarte desde un lugar sincero, sin intentar aparentar que todo me da igual.
Quiero comenzar desde el principio, desde aquella vez que te conocí en Tenebridad. Quizá en ese momento ninguno de los dos imaginaba lo que terminaríamos significando el uno para el otro. Al principio éramos dos personas que coincidieron en un juego, compartiendo espacios, conversaciones y momentos. Sin embargo, poco a poco comenzaste a convertirte en alguien especial para mí.
Me fui acostumbrando a tu presencia, a hablar contigo, a compartir partidas, a pasar tiempo juntos y hasta a esos pequeños momentos que quizá para otras personas no significarían demasiado, pero que para mí terminaron teniendo un valor especial. Recuerdo nuestras conversaciones, nuestras ocurrencias, las veces que compartíamos el juego de la mascota virtual y todas esas pequeñas cosas que fueron construyendo algo bonito entre nosotros.
Y creo que eso es lo que más me gusta recordar: que no todo fueron grandes acontecimientos. Muchas veces fueron simplemente momentos cotidianos, cosas pequeñas que, sin darme cuenta, terminaron formando parte de mi día. Tu presencia se volvió familiar y comencé a disfrutar de tenerte cerca.
Con el tiempo mis sentimientos crecieron y llegamos a tener una relación. No voy a fingir que fue algo insignificante para mí, porque no lo fue. Te tuve muchísimo cariño, te aprecié de una manera muy especial y hubo momentos en los que realmente me sentí afortunado de compartir mi vida contigo, aunque fuera desde la distancia y a través de una pantalla.
Me gustaba saber de ti, preguntarte cómo estabas, compartir mis cosas y conocer las tuyas. Me gustaba sentir que tenía a alguien con quien podía pasar un rato agradable, jugar, reírme y olvidarme un poco de todo lo que ocurría fuera de ese espacio. Eras parte de mi rutina y, aunque quizá no siempre supe demostrarlo de la mejor manera, tu presencia me importaba muchísimo.
No quiero idealizar lo que vivimos ni decir que todo fue perfecto. Tuvimos dificultades, diferencias y momentos en los que las cosas dejaron de funcionar como antes. La comunicación comenzó a cambiar, las conversaciones se hicieron más distantes y, poco a poco, sentí que estábamos perdiendo algo que antes nos salía de manera natural.
También debo reconocer que yo estaba atravesando una etapa complicada. Tenía muchas cosas encima: la situación de mi papá, las responsabilidades familiares, los problemas económicos, el trabajo y otras preocupaciones que me estaban desgastando emocionalmente. No siempre supe manejar todo aquello, y posiblemente tampoco supe comunicarte lo que estaba sintiendo de la manera correcta.
No te cuento esto para justificar mis errores ni para hacerte sentir responsable de lo que me ocurría. Simplemente quiero que conozcas un poco más de lo que había detrás de mis actitudes y de algunas decisiones que tomé.
Llegó un momento en el que nuestra relación dejó de funcionar y terminamos separándonos. Fue una etapa difícil para mí, porque no estaba perdiendo únicamente una relación; también estaba enfrentándome a la ausencia de alguien que se había vuelto importante en mi vida.
Después cometí otro error. Hice público algo que debió permanecer entre nosotros. Hoy puedo reconocer que no fue la manera correcta de manejar las cosas y entiendo que te haya molestado y lastimado. No debí exponer aspectos privados de nuestra historia, independientemente de lo que estuviera sintiendo en aquel momento. Lamento haberlo hecho.
No quiero que pienses que escribo esto para reabrir discusiones, justificarme o volver sobre situaciones que ya nos hicieron daño. Al contrario, si hay algo que quisiera que quedara claro es que también he reflexionado sobre mis propios errores. No pretendo presentarme como alguien que hizo todo bien, porque sé que no fue así. Tengo cosas que aprender y actitudes que mejorar, y asumirlo también forma parte de lo que quiero construir de ahora en adelante.
Después de aquello tomamos distancia. Dejamos de compartir como antes y hubo momentos en los que parecía que ya no existía ninguna posibilidad de volver a tener esa cercanía. Recuerdo incluso aquella ocasión en la que coincidimos nuevamente y te alejaste cuando me acerqué. No voy a mentirte: me hizo sentir mal, pero entendí que tenías tus razones y que necesitabas tu espacio.
No podía exigirte que actuaras conmigo como si nada hubiera ocurrido. Tampoco podía esperar que olvidaras de un día para otro lo que había pasado. Si algo había aprendido de todo aquello es que las personas necesitan tiempo y que la confianza no se recupera simplemente porque alguien quiera que las cosas vuelvan a ser como antes.
Y entonces, poco a poco, comenzamos a coincidir nuevamente.
Al principio todo era un poco diferente. Había cierta distancia, conversaciones breves y una sensación de que ambos estábamos intentando descubrir cómo tratarnos después de todo lo ocurrido. Pero con el paso de los días empezaron a aparecer pequeños momentos que me hicieron sentir que quizá podíamos volver a compartir sin tanta incomodidad.
Volvimos a hablar, a jugar y a compartir algunas de aquellas cosas que antes disfrutábamos. Incluso regresaron pequeños detalles que recordaba con cariño. Me hizo ilusión volver a tener esos momentos contigo, volver a sentir cierta familiaridad y descubrir que todavía podíamos reírnos y pasar un rato agradable.
No sabes cuánto valoro esos pequeños acercamientos. Quizá para ti sean simplemente momentos normales, pero para mí tienen un significado especial porque conozco todo lo que ocurrió antes y sé que no necesariamente teníamos que llegar nuevamente a este punto.
Me gusta verte tranquila, verte disfrutar, compartir contigo y saber un poco más de cómo estás. Me alegra cuando te diviertes, cuando tienes buenos momentos y cuando puedo contribuir, aunque sea de una manera pequeña, a que pases un rato agradable. No necesito que todo gire alrededor de mí ni que tengas que demostrarme constantemente algo. Me basta con que podamos compartir desde la tranquilidad y el respeto.
Y quiero que sepas algo: te quiero, Bel.
Quizá no quería escribir algo tan sentimental porque sé que puede resultar un poco inesperado, y tampoco quiero que sientas que estoy exagerando las cosas. Pero sería injusto conmigo mismo seguir ocultando lo que siento por miedo a parecer demasiado emotivo. Te tengo un cariño enorme y eres una persona que ha dejado una huella importante en mi vida.
Te quiero por los momentos que compartimos, por las experiencias que vivimos, por las conversaciones, por las risas y por todas esas pequeñas cosas que hicieron que llegaras a ser alguien especial para mí. También te quiero como persona, por quien eres, con tus virtudes, tus defectos, tus formas de ser y todo aquello que te hace ser tú.
No significa que ignoremos lo que pasó ni que debamos fingir que nunca hubo dificultades. Tampoco significa que espere que nuestra relación vuelva a ser exactamente como antes. Las cosas cambian, las personas cambian y nosotros también hemos pasado por experiencias que seguramente nos han hecho ver muchas cosas de otra manera.
Lo que sí quiero es que podamos construir algo bonito desde donde estamos ahora, sin presiones, sin reproches y sin tener que forzar nada. Me gustaría que pudiéramos recuperar la confianza poco a poco, conocernos nuevamente en esta etapa de nuestras vidas y permitir que la amistad encuentre su propio camino.
No quiero que sientas que tienes que responder a este mensaje con la misma intensidad. No te estoy pidiendo promesas, explicaciones ni demostraciones. Tampoco quiero que te sientas comprometida a corresponderme de una manera determinada. Tus sentimientos, tus tiempos y tus decisiones merecen respeto.
Simplemente quería que supieras lo que hay de mi parte.
A veces pienso que nos concentramos tanto en lo que salió mal que olvidamos que también existieron cosas buenas. Y yo no quiero recordar nuestra historia únicamente por la separación, las discusiones o los momentos difíciles. Quiero poder recordar también lo bonito, porque existió, fue importante para mí y no tengo ninguna razón para negarlo.
Me gustaría seguir creando recuerdos contigo, aunque sean diferentes a los de antes. Volver a compartir partidas, conversaciones, bromas, momentos de tranquilidad y todas esas pequeñas cosas que hacen agradable tener a alguien cerca. Me gustaría que pudiéramos disfrutar de nuestra compañía sin estar pendientes de lo que ocurrió anteriormente.
Y si algo deseo es que estés bien, incluso más allá de nuestra amistad. Que tengas tranquilidad, que puedas cumplir tus metas, que encuentres motivos para sonreír y que tengas personas a tu alrededor que te quieran y te traten con el cariño y el respeto que mereces.
No tienes que ser siempre fuerte, ni estar bien todo el tiempo. También puedes tener días malos, cansarte, equivocarte y necesitar tu espacio. No tienes que demostrarle nada a nadie para merecer cariño. Espero que nunca olvides que eres una persona valiosa y que mereces cosas bonitas en tu vida.
Yo también estoy intentando mejorar, aprender a manejar mis emociones, reconocer cuándo me equivoco y dejar de actuar desde el impulso. Quiero aprender a disfrutar de las personas sin intentar controlar lo que sucede, a valorar los momentos sin convertirlos en expectativas y a entender que cada vínculo tiene su propio ritmo.
Quizá por eso hoy decidí escribirte. Porque no quería que todo lo que siento quedara reducido a conversaciones cotidianas, bromas o pequeños momentos compartidos. A veces también hace falta detenerse y decirle a alguien que es importante, que se le tiene cariño y que su presencia ha significado algo en nuestra vida.
No sé si alguna vez te había expresado todo esto de una manera tan clara. Puede que algunas cosas ya las supieras, pero quería que pudieras leerlas y entenderlas desde mi perspectiva.
Gracias por haber formado parte de mi vida, por los momentos que compartimos y por permitir que, después de todo lo ocurrido, podamos volver a acercarnos poco a poco. Gracias por esos pequeños gestos que quizá no imaginas cuánto valoro.
Y, sobre todo, gracias por seguir siendo parte de esta historia, aunque ahora la estemos escribiendo de una manera distinta.
No sé qué nos deparará el tiempo ni cómo evolucionará nuestra amistad. No necesito tener todas esas respuestas ahora. Prefiero disfrutar lo que tenemos en el presente, cuidar lo que estamos reconstruyendo y dejar que las cosas sucedan naturalmente.
Solo quería que supieras que te quiero, que te tengo muchísimo cariño y que me alegra volver a compartir momentos contigo.
Quizá no era mi intención escribir algo tan largo ni tan emotivo, pero sentía que debía hacerlo. Hay sentimientos que, cuando son importantes, merecen expresarse en lugar de quedarse guardados por miedo a parecer demasiado sensible.
Y tú eres alguien a quien quería decirle todo esto.
Con mucho cariño. ❤️
Hay dos canciones que quiero dedicarte. Tócalas cuando quieras.
Me hubiera gustado estar mañana para verte abrir esto en persona, para verte poner esa cara entre sorprendida y "por qué te molestaste". Pero no estaré. Y no pasa nada. Porque esto no es para que estemos juntos. Es para que sepas que, incluso lejos, incluso en silencio, incluso después de todo, hay alguien que te desea lo mejor.
No espero respuesta. No voy a escribirte después de esto. Solo quería que supieras que, a mi manera, en la distancia y sin hacer ruido, sigo deseando que tengas un año tranquilo, que te rías mucho, que te cuiden bien.
Y si alguna vez piensas en mí, ojalá sea sin tristeza. Solo como se recuerda una canción que sonaba en el auto, o el olor de una casa donde fuiste feliz un rato.
Si alguna vez la vida te devuelve
a la página donde te escribí,
no pienses que fue un error ni que llueve
sobre lo que un día fue y ya no está aquí.
Piensa que hubo un tiempo en que fuiste
mi persona favorita sin dudar,
y que hoy, aunque no estemos juntos,
te sigo deseando lo mejor. Sin más.
❤ Gracias por haber existido en mi vida, por las risas, por las charlas, por los silencios compartidos. Gracias por haberme dejado verte tal como eras.
Hoy no te pido nada. Solo te deseo lo mejor. Lo mejor de lo mejor. Eso que a veces tarda, pero llega.
Y recuerda: aunque seas ruda, aunque seas dura, aunque a veces parezcas de piedra, detrás de todo eso hay un amor de persona. Y yo lo sé. Y me alegra saberlo.
Y si en algún momento quieres dejar de hablarme, lo acepto.
No te voy a pedir que te quedes. Solo quería que supieras que, pase lo que pase, te quiero.
Sin condiciones. Sin esperar nada. Sin hacer ruido.
Te quiero y no te dejaré de querer,
mi enojona favorita.